Jóvenes en riesgo de exclusión, con escasa cualificación y nula experiencia laboral, perteneciente a un sector afectado a la crisis… De esta manera suele describirse al tipo de participante de los programas de empleo puestos en marcha por Cruz Roja Española, Cáritas y la Fundación Secretariado Gitano. Un tipo de perfil que no parece reflejar un panorama demasiado alentador. Sin embargo, hoy queremos demostraros cómo esto puede cambiar. Y cambiar de verdad. Para ello, hemos hablado con uno de esos jóvenes valientes que, a pesar de su difícil contexto, están escribiendo la letra de su futuro.

Él es Walter Antonio. Tiene 22 años, nació en Ecuador y vive actualmente en Guadalajara. Hace cosa de año y medio, su familia y él estaban atravesando momentos difíciles: “La situación en casa era muy mala, no teníamos ingresos, y esto me preocupaba cada vez más”. Sin estudios ni trabajo, Walter decidió ponerse en marcha y buscar una solución.

Fue a través de un amigo por quien conoció el programa Aprender Trabajando, la iniciativa de formación y empleo llevada a cabo por Cruz Roja junto a la Fundación Secretariado Gitano. Es allí donde empieza su formación y su incursión en el mundo laboral, tras animarse a matricularse en el Curso de Auxiliar de Mozo de Almacén.

Nos cuenta que las sesiones formativas duraban seis meses y constaban de una parte teórica y otra práctica. Los formadores y las formadoras impartían asignaturas básicas como lenguaje y matemáticas. Además, Walter pudo aprender las nociones necesarias para desenvolverse en el mundo laboral: “Me enseñaron a hacer facturas, antes no tenía ni idea. También nos explican cómo comportarnos ante una entrevista de trabajo, o cómo elaborar un currículum”. Después, le prepararon en formación específica para el oficio que había elegido, tras la cual Walter obtuvo su primera titulación profesional: el carnet oficial de carretillero.

Después de la parte formativa, llega el momento de enfrentarse a un entorno de trabajo real. Antonio realizó sus prácticas laborales en los grandes almacenes Primark. “Cada día iba formándome y aprendiendo cosas nuevas. Todos los trabajadores de plantilla desempeñábamos las mismas tareas. Me enseñaron casi todo sobre cómo funciona la logística de una empresa”.

Pero, ¿qué pasó después? ¿Estos esfuerzos tuvieron su fruto? La respuesta es afirmativa: Walter pasó a formar parte de esta misma empresa y, por primera vez en su vida, consiguió un empleo de verdad en la misma compañía donde había recibido su formación: “Ahora tengo un trabajo y un contrato indefinido”. Recuerda cómo le sirvió lo aprendido a la hora de desenvolverse en este nuevo entorno: “El proyecto me ha ayudado mucho. Sé tratar con la gente, cómo dirigirme al jefe…”. Gracias a su primer sueldo, pudo ayudar a cubrir gastos de su economía familiar, y sacarse el carnet de conducir, lo que le otorga mucha más independencia en su nueva vida.

Antonio recuerda con cariño la experiencia que cambió su vida: “El ambiente fue excelente siempre, tanto con los compañeros y compañeras en clase como con los y las acompañantes, me trataron muy bien y me llevaba bien con todo el mundo”.

¿Y el futuro? “Quiero seguir estudiando, compaginando mi formación con mi trabajo”, afirma. “Me siento mucho mejor emocionalmente. Mi paso por Aprender Trabajando me ha devuelto las ganas de hacer cosas”.

Éste es solo un caso, pero existen muchos más. Tan solo en la última edición del programa citado, más de 800 jóvenes como él consiguieron un trabajo y, lo más importante, cambiar su vida. Desde Ponemos la Música queremos impulsar a los y las jóvenes a dar ese paso y a construir su futuro laboral. Walter también lo hace: “A aquellos y aquellas que se plantean participar en el programa les diría que se animaran, que con esfuerzo y trabajo, recogerán todo lo que siembren”.